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jueves, 10 de enero de 2013

ARGENTINA? NO RECICLA


RECICLAJE EN ARGENTINA: MATERIA SUSPENDIDA.

El principal amigo y enemigo de nuestro planeta somos nosotros mismos. No sólo Argentina suspende en materia de reciclaje, en la cual la ciudad de Buenos Aires y el conurbano producen 15 mil toneladas de basura al día y sólo se recicla el 5%. En el viejo continente cada europeo genera 513 kilos de basura al año y solo se recicla el 24%. 

Opino que...
                Como muchos saben, no resido en mi país del corazón, mi querida Argentina, lo cual no me impide seguir unido a ella a la distancia y preocuparme por los problemas que la aquejan. Sostengo que nadie debería olvidar de donde proviene, viva donde viva y estar orgulloso de ello. Hace tiempo que vivo en Europa y la verdad, cruzar el gran charco abrió mi mente, expandió mi visión sobre muchas cosas que antes me parecían insignificantes y aprendí a ser más responsable, más solidario y más ecológico.  Y me pregunté antes y me pregunto ahora, porqué levantamos la voz y nos quejamos contra los que agreden nuestra Patagonia, nuestros parque nacionales del sur o del norte, porqué nos indignamos cuando vemos que talan los bosques del Impenetrable chaqueño si luego arrojamos sin pudor y sin conciencia los restos del aceite quemado de la fritura del mediodía por el fregadero o tiramos las botellas de plástico o las pilas a la basura común y decimos “bueno, por una pila no pasa nada”.  Consciente o inconscientemente estamos contaminando nuestro planeta, de alguna manera estamos contribuyendo a su extinción. Quizás no muchos sepan dónde va a parar el aceite quemado que viaja por las tuberías o que el plástico tarda 500 años en degradarse. Si queremos un mundo mejor, que nos provea del bienestar necesario para nuestra subsistencia y la de nuestros descendientes, si queremos que La Tierra nos provea el alimento necesario para vivir debemos reciclar y contaminar lo menos posible. Cada vez que te indignes por las malas actitudes de los demás, pregúntate que hacés vos por tu planeta y como podes ayudarlo.

Gustavo Martín Benedetti
Administrador

Estado del reciclaje en Argentina

         El reciclaje continúa siendo una asignatura suspendida entre los argentinos. Las últimas estadísticas publicadas son aplastantes: tan sólo una minoría separa sus desperdicios regularmente. Un reciente estudio de opinión pública realizado por TNS Gallup acerca del reciclado y la separación de residuos desvela que más de la mitad (53%) de la población sabe poco o nada sobre temas vinculados con el tratamiento, separación y reciclado de la basura. Las mujeres reciclan más que los hombres, un 23% frente a un 18%.
La buena noticia es que el 65% de los encuestados reconoce estar muy interesado o bastante interesado en recibir información al respecto y nueve de cada diez entrevistados asegura que es muy importante o bastante importante que los ciudadanos clasifiquen y separen las basuras en reciclable y no reciclable.
     Sin embargo, la realidad es que tan sólo un 20% declara tener el hábito regular de separar la basura entre reciclables y no reciclables, utilizando para ellos diferentes bolsas. En este tema, las buenas intenciones no cuentan, es necesario dar el paso definitivo. Así, que el 29% de los encuestados admite que pensó alguna vez en reciclar pero que finalmente no lo hizo porque no sirve de mucho. Y aún lastramos un 33% de la población que ni siquiera tiene interés por conocer los beneficios del reciclaje y un alarmante 11% considera que reciclar es poco o nada importante y un 5% no lo ve necesario.

¿Cuáles son los principales motivos para no separar los residuos?

            El estudio de opinión pone de manifiesto que la primera razón para no hacerlo (30%) es que no se recolecta de forma separada. En segundo lugar (17%), el hecho de que nadie lo hace y, por tanto, ellos mismos tampoco. Un 14% reconoce que no se le ocurrió y un 12% mira hacia el Gobierno, indicando que no existe una directiva clara al respecto. En suma, quienes no reciclan tienden a culpar a otros más que a sí mismos. Curiosamente, otro reciente estudio de esta empresa reveló que seis de cada diez argentinos consideraba que su ciudad está algo o muy sucia y, preguntados por las causas, se atribuye a los demás y no a uno mismo: un 80% piensa que la gente contribuía poco o nada a la limpieza de la ciudad.

¿Cuál es la solución a esta problemática?

        Pues, en buena parte, la formación. Dos hechos que avalan esta teoría: el 61% de los universitarios encuestados dice saber mucho o bastante sobre el  tratamiento de la basura. Por el contrario, entre quienes sólo tienen educación primaria esa cifra se precipita hasta el 42%. Además, nuestros mayores de 65 años también realizan más reciclado de sus residuos (24%), frente a los más jóvenes, cuyo porcentaje desciende hasta el 18%.

¿Cuánta basura genera una persona al año?

La ciudad de Buenos Aires y el conurbano producen más de 15 mil toneladas diarias de basura; apenas el 5% se recicla, y el resto se entierra en los rellenos sanitarios del CEAMSE. La mayor proporción corresponde a los porteños, que generan, en promedio, unos 750 kilos de residuos anuales por persona. Un valor similar a lo que se produce en los Estados Unidos, mientras que España genera 547 kilos, Suecia y Finlandia generan alrededor de 450 kilos, y Japón aún menos: 410 kilos.
A fines del siglo XIX cada porteño originaba un kilo de residuos por día, pero hoy ese valor se duplicó. También cambió la composición: a fines del siglo XIX, el 75% eran restos de alimentos, cenizas y polvo del barrido de los pisos, y un 25% eran latas, vidrios y loza. En la actualidad, los restos orgánicos disminuyeron a un 40%, pero los plásticos, los papeles y los cartones suman otro 40%.
La forma tradicional para eliminar la basura ha sido quemarla o acumularla en sitios adecuados. En Europa, con escaso espacio para rellenos sanitarios, numerosas plantas generan energía a partir de la incineración de residuos. “Esos sistemas no solo emiten sustancias tóxicas al ambiente, como dioxinas y furanos, sino que también, al no haber separación previa, van a contramano de los programas de reciclaje y reducción de desechos, generando costos muy altos a los municipios”, resume la licenciada Consuelo Bilbao, Coordinadora de la Unidad Política de Greenpeace Argentina. Asimismo, esos sistemas desperdician energía, pues necesitan apoyo de un combustible fósil (por ejemplo, gas natural) ya sea para el arranque, o para secar la materia orgánica, cuyo contenido de agua puede alcanzar el 60%. Bilbao advierte: “La ecuación energética es muy mala, y resultan más contaminantes que el uso del carbón”.

Las plantas incineradoras, son caras

Las plantas incineradoras son costosas de construir y mantener, y requieren grandes volúmenes de residuos para seguir operando. Además, contaminan y mucho. Los contratos les aseguran un flujo constante de basura, haciendo difícil que los municipios inviertan en políticas de reducción y reciclaje.
En Estados Unidos se discuten los pros y los contras de esas tecnologías. Si bien cuentan con territorio para rellenos sanitarios, el transporte hasta esos sitios implica altos costos y contaminación ambiental.

Lo cierto es que los rellenos sanitarios son un riesgo para la salud, por las sustancias tóxicas presentes en la basura, y también para el ambiente, por los gases de efecto invernadero que ocasiona la descomposición de la materia orgánica.
Los desechos tóxicos generados por fábricas, hospitales y laboratorios de investigación, entre otros, deben ser tratados y luego dispuestos en rellenos de seguridad. Sin embargo, “en los hogares también se producen desechos peligrosos que van junto con los residuos sólidos urbanos”, advierte la licenciada María Fernanda Bauleo, asesora técnica de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. Los residuos peligrosos domiciliarios incluyen pilas, insecticidas, latas de pintura, tubos de luz, entre otros.
En cuanto a las pilas, Bauleo señala que, si bien hay proyectos de ley que obligan al importador a ocuparse de la gestión de esos productos, hasta ahora no hay normas al respecto. “Las campañas de juntar las pilas, por ejemplo en escuelas, no tienen sentido mientras no se establezca previamente un lugar para hacer un tratamiento específico y disposición para ese tipo de residuo”, opina.

¿Basura cero?

De acuerdo con la nueva óptica, en diversas ciudades del mundo se adoptaron planes de “basura cero”, con el fin de disminuir en forma gradual los residuos que van a disposición final. En tal sentido, se intenta promover cambios de hábitos en la sociedad. Entre las estrategias, se propone reducir, reutilizar y reciclar (las tres “R”). Primero, reducir la cantidad de residuos que generamos, por ejemplo, no comprando productos con exceso de embalaje, o evitando envases descartables y bolsas plásticas. Luego, reutilizar los envases de vidrio, lata o cartón. Por último, convertir los restos de un producto en materia prima para fabricar otros; pero, para ello, es necesaria la separación previa.
En la Comunidad Económica Europea, la meta es reducir la basura en un 50%, tomando como base la generada en 1995. Para el 2020, la merma esperada es del 65%. En muchas ciudades es obligatorio clasificar los residuos en origen.
En 2005, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires sancionó la Ley 1854 de Gestión Integral de Residuos Sólidos Urbanos (Ley de Basura Cero), que fija un cronograma de reducción progresiva de los desechos que van a los rellenos sanitarios. La meta, hasta ahora lejos de cumplirse por falta de acciones concretas, estipulaba una disminución del 30% para 2010, de un 50% para 2012 y de un 75% para 2017, tomando como referencia los datos del CEAMSE al 2004, que indicaba 1.500.000 toneladas para la Ciudad. En lugar de disminuir, la basura creció un 50% y en 2011 trepó hasta las 2.280.000 toneladas.
La ley establece la separación en origen y la recolección diferenciada; y un cronograma paulatino para concientizar y enseñar a los ciudadanos a separar en forma correcta.
Fuente: noticias exacta.uba.ar - mailto:http://noticias.exactas.uba.ar/?p=4486

¿Qué se recicla?

Medicamentos, textil y calzado, Aceites de Cocina, Aparatos eléctricos y electrónicos, pilas y baterías, envases ligeros, papel y cartón, vidrio y residuos orgánicos.


Residuos orgánicos: son biodegradables (se descomponen naturalmente). Son aquellos que tienen la característica de poder desintegrarse o degradarse rápidamente, transformándose en otro tipo de materia orgánica. Ejemplo: los restos de comida, frutas y verduras, sus cáscaras, carne,huevos.

Residuos no orgánicos (o inorgánicos): son los que por sus características químicas sufren una descomposición natural muy lenta. Muchos de ellos son de origen natural porque no son biodegradables, por ejemplo los envases de plástico. Generalmente se reciclan a través de métodos artificiales y mecánicos, como las latas, vidrios, plásticos, gomas. En muchos casos es imposible su transformación o reciclaje; esto ocurre con el telgopor, que seguirá presente en el planeta dentro de 500 años. Otros, como las pilas, son peligrosos y contaminantes. 


Los residuos orgánicos que generamos en nuestro domicilio son una fuente de nutrientes muy buena para enriquecer el suelo. Tanto si tenemos una huerta como un jardín, vivamos en el campo o en la ciudad, podemos utilizar estos residuos como abono que se puede obtener a través de un lombricario o de un cajón de compost. 

¿Y los residuos inorgánicos?

En general, nuestros residuos inorgánicos domiciliarios están compuestos por: papel y cartón, plásticos, metales, elementos de control sanitario (pañales, toallas higiénicas, algodones, etc), vidrios, y otros (madera, trapos, cuero, goma, pilas).


Productos contaminantes

Aceite usado de cocina: Mientras tú disfrutas de tus papas fritas, el aceite que utilizaste para cocinarlas recorre las tuberías hasta terminar en un río, donde se juntará con otros 120 millones de toneladas de aceite vegetal que se consume en el mundo, el cual no permite la oxigenación del agua, ni la entrada de los rayos del sol, los peces pronto comenzarán a morir.
El Residuo de Aceite Usado de Cocina (RAUC) es uno de los más grave factores de contaminación del agua, ya que es capaz de crear una capa, que es difícil de eliminar, por encima del agua, lo que dificulta el paso de oxígeno y puede matar a los seres vivos de los ríos.

Papel Aluminio: El Aluminio puede acumularse en las plantas y causar problemas de salud a animales que consumen esas plantas. Las concentraciones de Aluminio parecen ser muy altas en lagos acidificados. En estos lagos un número de peces y anfibios están disminuyendo debido a las reacciones de los iones de Aluminio con las proteínas de las agallas de los peces y los embriones de las ranas.

Elevadas concentraciones de Aluminio no sólo causan efectos sobre los peces, pero también sobre los pájaros y otros animales que consumen peces contaminados e insectos y sobre animales que respiran el Aluminio a través del aire.

Las consecuencias para los pájaros que consumen peces contaminados es que la cáscara de los huevos es más fina y los pollitos nacen con bajo peso. Las consecuencias para los animales que respiran el Aluminio a través del aire son problemas de pulmones, pérdida de peso y declinación de la actividad. Otro efecto negativo en el ambiente del Aluminio es que estos iones pueden reaccionar con los fosfatos, los cuales causan que el fosfato no esté disponible para los organismos acuáticos.

Altas concentraciones de Aluminio no sólo pueden ser encontrados en lagos ácidos y arie, también en aguas subterráneas y suelos ácidos. Hay fuertes indicadores de que el Aluminio puede dañar las raices de los árboles cuando estas están localizadas en las aguas subterráneas.

CD: Los CDs y DVDs que ya no se utilizan se han convertido en un problema ambiental, debido a que se producen tanto a nivel industrial como casero y  en general se desechan como cualquier otro tipo de basura, sin tener en cuenta la pre-selección y el tratamiento posterior, que toda basura electrónica necesita cuando ya no es útil. Los discos compactos se crean en procesos sumamente contaminantes, además están realizados en plástico, mayormente policarbonato, también contienen aluminio, laca y colorantes todos compuestos que no son biodegradables.
Teniendo en cuenta estos pocos factores, es más que obvio que representan un gran foco contaminante, por eso hay algunas cosas a tener en cuenta a la hora de reciclarlos
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Bombillas de bajo consumo: contiene mercurio, una sustancia muy tóxica, por lo que a la hora de desecharlas deben ser tratadas como residuos peligrosos.


Pilas, baterías: Para imaginar la magnitud de la contaminación de estas pilas, basta con saber que son las causantes del 93% del Mercurio en la basura doméstica, así como del 47% del Zinc, del 48% del Cadmio, del 22% del Níquel, etc.
Estas pilas sufren la corrosión de sus carcazas afectadas internamente por sus componentes y externamente por la acción climática y por el proceso de fermentación de la basura, especialmente la materia orgánica, que al elevar su temperatura hasta los 70ºC, actúa como un reactor de la contaminación.
Cuando se produce el derrame de los electrolitos internos de las pilas, arrastra los metales pesados. Estos metales fluyen por el suelo contaminando toda forma de vida (asimilación vegetal y animal).
El mecanismo de movilidad a través del suelo, se ve favorecido al estar los metales en su forma oxidada, estos los hace mucho más rápido en terrenos salinos o con PH muy ácido. 
Plástico: este útil material también tiene su parte negativa. Hace 30 años el planeta viene acumulando 1.000 millones de objetos de plástico y la naturaleza no sabe ahora qué hacer con ellos.
Cada objeto de este material dura hasta 500 años en desintegrarse y por eso, mientras tanto, el plástico convive con personas, animales y plantas y su impacto ya es evidente incluso en el fondo de los océanos. De hecho, un estudio británico detectó en el 2006 restos de las bolsas plásticas en la arena del desierto y también en peces para el consumo.
La contaminación por plástico es una de las más significativas en la actualidad. Se calcula que se producen cerca de 150 bolsas de plástico por persona cada año.

Vidrio: El reciclado de vidrio entraña beneficios sociales, ambientales y económicos, ya que genera un significativo ahorro energético. Por cada 3.000 botellas que se depositan en el iglú se ahorran 130 kg de fuel, debido a que el vidrio que se recicla funde a una temperatura más baja. La energía requerida para fundir la fórmula del vidrio, puede disminuir hasta la mitad, dependiendo de la cantidad de vidrio que se introduzca al horno. De hecho, el vidrio reciclado ahorra de un 25% a un 32% de la energía utilizada para producir vidrio nuevo.
Si hiciéramos una extrapolación de datos para trasladar el ahorro energético a una situación doméstica podríamos afirmar que tan sólo con la energía que ahorra el reciclaje de una botella sería posible mantener encendida una bombilla de 100 vatios durante 4 horas.

Papel: El papel y los productos relacionados con él se elaboran a partir de fibras de celulosa presentes en las plantas. Estas fibras pueden provenir de diferentes vegetales: algodón, madera, paja de cereales, etc., pero actualmente la mayor parte de la producción mundial del papel proviene de la madera. A la vez, un tercio del total de madera procesada en el mundo se emplea para la fabricación de pasta. El consumo mundial de papel excede las 268 millones de toneladas por año (PPI, 1995). El rápido y mantenido crecimiento de la demanda de productos de papel ha ido de la mano de una mayor escasez en la provisión de madera, provocando la desaparición de bosques nativos con los consecuentes impactos sobre los ecosistemas que forman parte de ellos.

Para saber más sobre cómo se fabrica el papel y sus efectos contaminantes pulsa el siguiente botón:



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